miércoles, 17 de octubre de 2018

Entrevista a Ana, nitanhealthynitanfit.



Bueno, tengo el blog un poco abandonado, y como pienso que va a estar así por bastante tiempo, y la segunda parte del post del vino se va a alargar por lo menos un par de semanas, o meses, he pensado hacer un resumen y dar la opinión sobre el episodio que tuvimos ayer con Ana, de nitanhealthynitanfit.

Normalmente no suelo hacer esto, pero a Ana le tengo un especial aprecio, porque es tan nutrifriki como yo. Recuerdo cuando nos conocimos personalmente, en una charla que dimos en mi sindicato de Correos, en Alicante, con apenas 15 personas, tirando a mucho. Casi eramos más ponentes que personas, pero pasamos un buen rato, y después tomamos una cerve, bueno ella creo que una coca cola light. Después coincidimos en la comuna del Summit Paleo de hace ya casi 3 años, donde Alex y yo tuvimos la lucha de dietas entre la Paleo y la Vegana. Recuerdo que nos quedamos hasta las tantas con nuestras conversaciones nutrifrikis, y no se me olvida un vino ¿blanco? que se nos quedó corto, ya que en la comuna éramos unos cuantos.

Nuestro grupo de los paleomuffins se convirtió en comuna. 


Ana siempre fue muy activa en Instagram, pero yo creo que dio un paso hacia adelante cuando comenzó su andadura en su canal de youtube. Es increíble la facilidad que tiene para expresarse. Seguramente el tiempo y la experiencia en youtube le han dado todavía mas soltura, y bueno, aunque seguramente no estamos de acuerdo en todo, y me jode bastante cuando le pido críticas sobre mis clases, y sólo me dice cosas buenas. La considero una gran profesional y una amiga. Además, me gusta la gente que siempre intenta actualizarse, y ella como buena nutrifriki, lo hace.

Al grano, que nos extendemos.  La entrevista empezó con la autopresentación de Ana, que por cierto, estudia en mi Universidad. Una de las preguntas que tenía pensadas para ella, era que nos contará como ve la formación universitaria, y cómo mejorarla, pero vamos, no hay tiempo para todo. En su presentación fue bastante sincera: Explícanos por qué estás aquí, preguntó Fernando. Y Ana respondió risueña: Pues porque me habéis invitado.



La primera pregunta la hace Fernando, y es sobre si hay que tener en cuenta las calorías si estás en cetosis. Fernando por cierto dice que con la dieta ceto es con una de las que mejor se siente. Ana, por el contario reconoce no haber hecho dieta ceto, pero opina que con un buen planteamiento de la dieta y guiándote por el apetito, podrías ver si vas cumpliendo objetivos. Si no los consigues, pues a revisar que es lo que estamos haciendo mal. Contar calorías es una posible variable para Ana, aunque también hay otras. Ana también nos habla de que quizás nuestras sensaciones con la dieta sean más importantes que la cuenta de calorías tradicional. También incide en que no todo es déficit calórico, sino que la actividad física y preservar la masa magra es importante.



 Poco que añadir a Ana. Quizás que sí hay algunos estudios en los que parece que lo que es longevidad, si se vería ligeramente aumentada con dietas con restricción calórica y sin ejercicio, pero la sensación de bienestar que te proporciona el ejercicio físico, no lo cambio por vivir medio año mas sin esas sensaciones y encima con restricción calórica crónica. Así que coincido con Ana.

Tas su intervención, le hago la pregunta de somatotropina sobre la importancia de la palatabilidad. Añado una opinión de Alfonso (muscleblog):“El cerebro necesita placer edónico, necesitamos cierta dosis de placer, como comer algo rico. ¿Por qué las dietas fracasan? Porque te estás saltando un principio fundamental del cerebro…recibir placer. Y un estudio en el que las personas que comen un dulce en el desayuno, consiguen perder el mismo peso que las personas que no lo añaden en las primeras semanas, pero continuar perdiéndolo a medio plazo, mientras que las que no lo añadieron, a medio plazo recuperaron la mayor parte del peso perdido.

Ana responde de una forma clara, y en la que estoy totalmente de acuerdo. Adaptación al individuo metabólicamente y sobre todo como persona y como ser social. “no todos los individuos tienen la misma susceptibilidad a los mismos estímulos alimentarios” ”cada persona es diferente”, comenta Ana.

Ana sigue diciendo que el trabajo del dietista ha de consistir en cambiar la motivación para comer de los individuos, o que al menos, una buena parte de sus decisiones sean tomadas por consecuencias anticipadas. Más menos entiendo que nos quiere decir Ana, que debemos saber que tenemos que hacernos responsables para cuidar nuestra alimentación y salud, por ejemplo, teniendo en cuenta la importancia de las verduras y las hortalizas, y que en una sociedad sedentaria primar alimentos densos nutricionalmente pero poco densos energéticamente es muy importante. Ana quiere que comer algo porque esté bueno, empiece a pesar menos (motivación infantil para comer), que lo comamos porque es saludable. “No  hay que odiar el verde, y hay que negociar con los pacientes individualmente”, acaba diciendo Ana. La percepción que las personas tengan del alimento va a influir en que les guste más o menos.



Yo en este punto, por mucho tiempo he sido más de la opinión de Ana, y para mí comer cosas palatables no me motivaba. No buscaba placer en la comida, para nada. Yo he seguido una dieta sin azúcar ni procesados, sin carne y sin pan por un año y tampoco es que en aquél entonces los echara muchos de menos. Pero seamos realistas, eso nos pasa a cuatro. La gente sí recurre a la comida en búsqueda del placer, y quitarle todo ese placer, puede hacer, como decía Alfonso, que la dieta tenga fecha de caducidad. Por eso, estoy de acuerdo con Ana, que debemos adaptarnos al paciente, y hacer que éste mejore hábitos, mejore su percepción de ciertos alimentos y, añado yo, que pueda conseguir sus objetivos, sin perder todas sus “recompensas”.

Tras la respuesta de Ana, Ceci pregunta sobre que en vista que no es fácil cambiar los hábitos de los pacientes, ¿no debería el dietista sentirse en la obligación de formarse en psicología y neurociencia para tener unas mejores herramientas para obtener éxito con el paciente?



Ana coincide totalmente en eso, en que su trabajo es generar cambios de conducta y que le faltan herramientas para conseguirlo, y que es complicado abordar esos temas en consulta. Hacer creer a la gente, que sí, que pueden conseguir esos cambios. Que tienen que autoconvencerse de ello. Pero para cambiar, se necesita motivación, continúa diciendo Ana. Totalmente de acuerdo con ambas. Nada que añadir.
Después continuo yo, y hago dos preguntas de twitter sobre los “peligros” del consumo de frutas y de un exceso de fibra por comida “real”. También añado un comentario de Marc Casañas:”hemos pasado de Real Food es taliban, a quizás el real food no es tan bueno por exceso de fruta, y conllevar pasarse con la fibra y dudar de si eso es bueno. La nutrición profesional o no profesional parece un pollo sin cabeza yendo sin patines por un camino helado”.




Después de unas risas, Ana nos comenta que ella no se pasa con la fruta, y que ella no generalizaría dando mensajes de mucha fruta para todos. Aunque claramente el contexto importa, si vas a dejar de comer fruta, para comerte galletas oreo, es que no has entendido nada. En cuanto a la fibra, Ana reconoce que no es una experta en el tema, pero que cuando pasó de una dieta paleo a una vegetariana, el cambio de una pechuga a garbanzos no mejoró precisamente sus digestiones, pero redujo las verduras y ahora no tiene ningún problema. A ella no le preocupa su consumo de fibra, ni cree que su consumo de fibra le vaya a causar un problema de salud.

En este punto, personalmente creo que el consumo de fruta, por las encuestas de frecuencia de consumo que tenemos (ej. Estudio ANIBES, no es un problema para el 99% de la población, y que preocuparse por el consumo de fibra teniendo unas buenas digestiones es una tontería).

Continuo con una pregunta de Instagram, en la que se le preguntaba a Ana, en qué área le gustaría seguir formándose. Y si es interesante ser autodidacta. Ella responde que un curso de buena calidad, te da seguridad y te ahorra mucho tiempo. Y en tu tiempo libre investigar sobre lo que más te apasione, puede ser un buen complemento. Ana también nos habla de que,  para ella, sabiduría no son solo conceptos, que las ciencias sin valor practico no sirven de nada. Hay vida fuera del laboratorio. En ese aspecto un profesional te puede ayudar, porque seguramente no solo tenga conocimiento, sino su experiencia clínica. Pero eso no quita, para que de forma autodidacta y mediante diferentes canales, como las redes sociales, se pueda aprender muchísimo.



En este punto, no puedo estar mas de acuerdo con Ana. Sinceramente, siempre he dicho que gracias a twitter y a las personas e investigadores que he conocido gracias a ese canal, me he formado más y me han motivado más que lo hizo el paso por la universidad. No digo para nada, que no haya aprendido nada en la Universidad, pero creo que a nivel practico, mi universidad es claramente mejorable, y que la motivación, brillaba por su ausencia.

La siguiente pregunta fue de Ceci, ella le comenta a Ana, que en general las mujeres dietistas, nutricionistas, se mueven por los campos muy similares: recetas, lactancia, alimentación infantil. Luego hay un sector de esas personas, que reclaman un papel predominante en congresos de nutrición. Ceci pregunta a la gente sobre su preferencia y éstas piensan en que no hay color entre el trabajo que cuesta publicar una receta, y el trabajo que cuesta hacer un artículo que requiere un aprendizaje, y que estas personas claramente inclinan la balanza hacia una parte. ¿Cómo pueden los futuros y presentes nutricionistas entender la importancia de leer estudios científicos, de aprender metodología? Porque si no, no van a saber aplicar nada, van a hacer lo que hayan leído por cualquier medio. Tú no tienes los conocimientos, sino que los has ido aprendiendo procesados por otras personas. ¿Qué les dirías a ellos? termina Ceci

Ana nos explica que en la carrera no se profundiza el tema de la metodología científica, y como quiere aprender, ella se está formando por su cuenta. Además no podemos dedicarnos a todo, no hay tiempo material. Respecto a feminismo y cuotas, Ana no está de acuerdo con ellas. Dice Ana: “a mi me da igual que el curso lo de Maelán o Manuela, yo lo que quiero es aprender, pero si Manuela no existe, ¿qué quieres que haga?”. No se trata de poner mujeres por la simple razón de que haya mujeres aunque no tengan idea en el tema, por supuesto que no, sigue diciendo Ana. Y es cierto, añade Ana, que quizás biológicamente a la mayor parte de mujeres les atraiga más el campo de las recetas y la nutrición infantil que otros campos como el científico, en el que normalmente resaltan más los hombres.

Mi opinión en este tema la he comentado en mi blog varias veces. Los nutricionistas no podemos ser expertos en todas nuestras áreas. Me encantaría que pudiese sentirme orgulloso de mi gremio por tener grandes científicos, pero también por tener grandes divulgadores, grandes nutricionistas clínicos, deportivos, grandes nutris en la Industria alimentaria en campos como innovación y desarrollo de nuevos productos, en nutrición infantil y lactancia, en geriatría, en cáncer. Creo que todos sumamos en este, nuestro nutrimundo. Aunque entiendo a Ceci, porque desde luego, currarse un artículo como los que ella publica en su página, o como los que se curra mi amiga Ángela para su tesis, o cualquier otro investigador que publica un paper, no cuesta el mismo trabajo que hacer una receta, eso está claro. 



 Luego me resulta cuiroso, que nuestro anterior invitado en NutriSapiens, Abel Novoa, recomendara a los sanitarios no leer estudios clínicos, porque podían hacer perder la perspectiva de lo que era más importante en la práctica clínica y cambiar tu forma de tratar al paciente, y decía él que había que dar 7 años de margen para aplicar lo que se va viendo en los ensayos.

Yo creo también que no es lo mismo experimentar con fármacos, que sí pueden tener sus efectos secundarios, que con comida, o con un suplemento de magnesio, pero sinceramente cada vez me gusta menos el campo científico, y más el tema social y psicológico. Cada día leo de más estudios manipulados, los investigadores tienen igualmente sus sesgos, y tienden a buscar sus resultados estadísticamente significativos porque les va a garantizar una publicación en una revista de alto impacto. Participé en un ensayo clínico y fue una chapuza y un desastre en toda regla, y los estudios observacionales también tienen sus limitaciones.



Sinceramente creo que hay investigadores que viven en una burbuja, y que el mundo y la práctica clínica son muy diferentes a investigar sobre marcadores de salud en un laboratorio. Me gustó mucho un paper que leí hace no mucho, se llama: Diabetes y dieta: la perspectiva de una paciente y de un dietista, y me encantó sobre todo ver el relato del paciente. Esta sufría mucho estrés, pasaba sola mucho tiempo con sus hijos, le diagnosticaron depresión post parto, cuando hacía dieta lo hacía por un tiempo, pero cuando algo le molestaba, volvía a entrar en malos hábitos. Después, cosas de la vida, perdió a su padre, su marido perdió a sus dos padres en poco tiempo, su madre enfermó y ella subió mucho de peso.  Ella afirmaba que “La única forma en que podía enfrentarme a apoyar a mi mama y a mi marido era comer libremente. Todos los buenos consejos eran ignorados mientras retrocedía cada vez más”.

Mi opinión es que si queremos ayudar a los pacientes, hay más que el hecho de investigar sobre los procesos celulares y metabólicos que se producen conduciendo a esta persona a engordar y a desarrollar diabetes. Creo que es más importante entender el problema específico de cada paciente y darle una alternativa.

 Imaginemos la solución de: Engordas porque comes más calorías de las que gastas. ¿enserio? ¿arregla eso el problema? Eso ella ya lo sabía, pero no sabía enfrentarse a sus problemas de otra manera que comiendo liberalmente. Sinceramente creo que la perspectiva social y psicológica y la individualización teniendo en cuenta los contextos, son básicos para nuestra profesión. Y creo que está bien que todos los nutris tengan una base sobre metodología, pero sabiendo lo que hay, y lo que hay es que en la mayoría de las ocasiones, la práctica clínica, tú experiencia, escuchar al paciente y saber tratarlo son los que van a determinar en mayor grado la eficacia del tratamiento. Eso sí, esa base mínima que todos tenemos que tener de metodología, no estaría mal utilizarla. Si somos divulgadores, y vamos a hablar de un tema, preparándonos el tema, y no diciendo lo que ha dicho fulanico, o menganico, porque se llama Juan o se llama Pedro. A mi sinceramente me ha dolido, ver como colegas de mi profesión escribían autenticas chapuzas, y luego gente sin titulación les hacían replicas dejándoles a la altura del betún.

Respecto al feminismo, lo que menos me gusta de él es la indefensión. El, como somos mujeres ya no podemos hacer nada, porque siempre van a elegir antes a un hombre mediocre que a una mujer brillante. ¿En serio? Pero, ¿en qué mundo vives? La mujer que se lo curre y que sea la mejor en su campo va a tener trabajo donde quiera, y va a ser reconocida e invitada a congresos porque para eso es la mejor. Y la gente pagará lo que sea por aprender de ella. ¿Eres mujer? Pues lucha y trabaja como todo ser humano por lo que te apasione, y olvídate de tú género. Seguramente llegarás lejos.



Fernando observa que tanto en youtube como en twitter preguntan sobre los edulcorantes. ¿Qué hay de malo añadir edulcorantes para disfrutar de la comida? Preguntó DaniScience, y otra chica, preguntó si habría algún problema en utilizar habitualmente edulcorantes acalóricos. Ana, que no es mucho de palatabilidad, claramente dice que ella prefiere no tener ese aditivo dentro de su cuerpo. Ella necesita menos palatabilidad y mas horas para el deporte, para pasear, y para tomar el sol. Suficiente palatabilidad, tienen ya los propios alimentos. Además, algunos edulcorantes no le sientan bien a su intestino. Pero sin embargo habla del contexto, y de una relación coste-beneficio. Y ella los toma cuando consume su suplemento de proteína de guisante, que parece ser que no es muy palatable, que digamos.

Ana nos comenta que si ella tiene una tableta de chocolate del 99% le dura una semana, porque no piensa en ella, pero si la tiene con edulcorantes está siempre pensando en ella.

En eso veo que cada persona es diferente. Yo tengo meses unas tabletas de chocolate del 70%. Tardo tanto en acabarme esas, que las del 90%.

“No es malo disfrutar de la comida, pero tengamos en cuenta todo lo que la comida aporta, y no sólo las sensaciones que nos produce comerlas”, concluye Ana, y lo ejemplifica con el sexo. No es malo tener sexo por placer, pero si te olvidas de que puedes tener un hijo si no tomas precauciones, puedes tener un problema. Totalmente de acuerdo, Ana.



Continúo yo con mi última pregunta sobre ¿quién es el responsable de nuestro peso? ¿son nuestras decisiones, que es lo que piensa la inmensa mayoría, o no somos tan conscientes de ellas, y en cierta manera vienen pre-determinadas desde nuestro nacimiento?

Ana habla sobre un[video] que compartió en twitter y del diferente comportamiento ya desde niños con la comida. Que pueden influir una multitud de factores en ellos. Pero eso no es excluyente, con que personas que tienen suficientes medios económicos y cultura, tomen muy malas decisiones, y que quizás sean esclavas de otras cosas, como de tener una nula gestión emocional. Si mi planteamiento es que estoy determinado por el ambiente, no voy a poder cambiar nada en mi vida que no me guste. El ambiente sí nos condiciona, pero tenemos el poder de cambiar ciertas cosas, otras no y tendré que aceptarlas. 100% agree, Ana.

Ceci termina preguntando a Ana sobre qué piensa sobre los divulgadores en nutrición que divulgan sobre lo que ellos comen, y tratan de predicar su estilo de vida como el correcto, sea este el estilo o forma de alimentarse que sea. Del otro lado de la pantalla no sabemos quién está leyendo ese mensaje y si eso le puede afectar o no. ¿Cómo crees tú que influyen esos mensajes en la población? Termina su pregunta Ceci.

Ana nos cuenta entonces una experiencia personal….ella lanza el mensaje de llena tu plato con verduras y con una fuente de proteínas y grasas saludables. Pero hace una semana, le llega un mail de una chica ingresada en un hospital por anorexia, y justo el ejemplo que ella había puesto en su video (plato de pasta con salchichas) era lo que a ella le habían puesto para comer ese día. Ella le pedía ayuda porque no se podía comer eso.



Ana le dijo que confiara en el equipo médico y en su familia, que eran los que le estaban cuidando. ¿hasta que punto nos podemos hacer responsables del mensaje que divulgamos? Se pregunta Ana. Seguramente lo hacemos porque creemos que lo estamos haciendo bien, y que eso va a beneficiar a todo el mundo, pero es posible que personas que estén pasando por un momento específico de sus vidas, quizás le haga mas mal que bien ese mensaje. Añade Ana, que no es muy lógico dentro de un personal sanitario el a mi me funcionó, o el extrapolar resultados personales, sabiendo que solo eres un n=1. Me encanta lo que dice Ana: “Si veo que una persona dice que lo suyo es lo mejor, automáticamente lo voy a dejar de seguir”.

Bueno, como ya llevo más de 3.000 palabras, y quiero que veáis la entrevista en nuestro canal, no os desvelaré el final, ni los libros que Ana nos recomienda, para eso os dejaré el enlace [link] y podréis verlo por vosotros mismos. Y la respuesta a la pregunta del momento: ¿qué pensará Ana de la dieta carnívora? Todo eso y mucho más en el episodio número 12 de NutriSapiens.

Por cierto, no quiero despedirme sin darle las gracias a Ana, por ser así de auténtica y natural, por mojarse y decir siempre lo que piensa, y porque para mi es un orgullo que haya dietistas y futuros nutricionistas como ella. Mucha suerte con todo, amiga, y ¡hasta pronto!





domingo, 9 de septiembre de 2018

El vino: ¿Verdades, mentiras, ó verdades a medias? 1ª Parte


El vino. Sin duda este es uno de los temas que más me ha interesado desde ya mucho tiempo atrás. Es cierto que tanto cuando hice el módulo, como en la carrera, allí la influencia de la industria es muy potente, y se veían carteles de becas del instituto de la cerveza, íbamos a convenciones donde nos regalaban muchos libritos de las propiedades cardiosaludables de dicha bebida, etc. etc.



Pero, luego dejas la universidad, y si estás inmerso en redes sociales, ves un mensaje divulgativo, en general bastante distinto y muuuucho menos permisivo a la hora de calificar este tipo de bebidas.

Yo leo mucho en inglés, y siempre me ha parecido curiosas dos o tres cosas que difieren de la estrategia de divulgación que utilizan la mayor parte de los divulgadores en nutrición americanos vs españoles. La dieta mediterránea, el zumo exprimido y el vino.

Sinceramente creo que se hace una mayor defensa de la dieta mediterránea fuera que dentro de nuestras fronteras. El zumo 100% en estas tierras ha dejado de ser fruta y ha pasado a ser un sirope que sólo contiene azúcar, y el vino….puahhh, que decir del vino. Todos lo sabéis, no hace falta que os ponga capturas de cuentas de influencers en twitter y otras redes sociales. Sinceramente creo que se ha conseguido lo que muchos han intentado, que un vaso de vino al día, sea visto al mismo nivel que el tabaco.



Pero, de verdad, ¿hay suficiente evidencia para pensar esto?
También es verdad que, aunque yo no sea un bebedor habitual de vino, me ha dado algunas alegrías
He pasado muy buenos ratos en el pueblo con buenos amigos disfrutando de un verdejo fresquito. Y también conocí a una persona que fue muy importante en mi vida, gracias a un debate por privado en twitter sobre el alcohol, concretamente sobre el vino. También algunas decepciones, como que no se escogiera nuestra ponencia-debate sobre el vino en las Jornadas DSP de Sevilla. Lo intentamos, pero la democracia en este caso nos dejo fuera. Una pena. Aunque gracias a eso hoy escribo post😜. No hay mal que por bien no venga.

Así que vamos al tema. Sinceramente creo que este no va a ser un post de estos de los que a mi me gustan de expresar opiniones, de discrepar, polemizar, y de llevarse las manos a la cabeza.

Podría polemizar provocando con artículos como este, pero hoy no es el día. 


Serán datos, datos y más datos. Quiero que sea una referencia para los que no se quedan con lo simple, para los que quieren llegar más lejos, saber más, analizar y profundizar críticamente en los mensajes que nos llegan. ¿Son estos fiables al 100%? ¿Nos están diciendo TODA la verdad? Tened claro que este post no se ha escrito con el fin de escribir una verdad absoluta, pero sí con el objetivo de contar lo que algunos os ocultan.

Ser críticos, porque seguramente ni a los de un lado (industria del vino) ni los de otro (no hay bebida alcohólica sin riesgo para tú salud) les interesa daros un mensaje objetivo, tienen sesgos e intereses, quizás bastantes. Por mi parte (yo también tengo mis sesgos), intentaré traer parte de los estudios que hay sobre esta bebida milenaria, el vino, que, sin duda, forma y ha formado parte de nuestra dieta mediterránea.

El vino forma parte de la cultura mediterránea. Presente en la boda de mis padres.


Y lo haré en esperemos no más de dos entradas, porque no quiero alargarme en exceso, y no se trata de hacer un tocho insufrible de 7.000 palabras. Y los que queréis que me centre en el tema del cáncer, tranquil@s, no rehúyo ningún tema. Esperar al siguiente capítulo.

Índice:

           Breve historia
          El vino y sus componentes
          Vino y enfermedad cardiovascular
          Vino y control de peso
          Vino y síndrome metabólico

Breve historia:

Es cierto que muchas personas piensan que ya nuestros ancestros consumían vino al tomar uva fermentada de forma natural (1). Pero la más temprana evidencia de que los seres humanos hicieron vino de forma intencionada, viene del Neolítico. En una muy vieja aldea de Irán, se encontró un recipiente de bebida con ácido tartárico, que sólo se encuentra de forma natural en las uvas, y se calcula que este recipiente tiene más de 7.000 años (2).

Posteriormente comenzaron a hacer vino la mayoría de los pueblos del sur del Cáucaso, los sirios, los palestinos, los habitantes de Mesopotamia, los egipcios, y finalmente la mayor parte de los pueblos mediterráneos (3).

De hecho, sabemos que, hace más de 2.000 años, el proceso de hacer vino, fue uno de los aspectos que adoptaron los romanos cuando fueron conquistados por los griegos. Durante el imperio romano, el consumo de vino durante las comidas era lo más habitual (4).

Sabemos también que el consumo de vino es una característica de la dieta mediterránea, patrón de alimentación asociado con la reducción del riesgo en un montón de enfermedades crónicas (59-63).
Posteriormente los europeos llevaron el vino a diferentes partes de América, como México y Sudamérica. 

En el siglo 18, se comenzó a hacer vino en otras zonas del mundo como en Australia, Sudáfrica y Nueva Zelanda(5). A EEUU el procesado a gran escala del vino, no llego hasta hace unos 200 años.



El vino y sus componentes:

Aunque creáis que no, en un vaso de vino no hay solo agua y alcohol. Hay no muchas, sino muchísimas más sustancias. Cientos y cientos de ellas. Veamos sus principales componentes, además del agua.

Etanol: Sí, el vino tiene alcohol. Como resultado de la fermentación por levaduras, los azúcares de la uva fermentan produciéndose etanol, y el contenido de esta sustancia varía en cada tipo de vino, y generalmente se sitúa entre un 10-14% (3).

Azúcares: La glucosa y la fructosa se encuentran en las uvas, y fermentan en su mayor parte durante el proceso de elaboración del vino. Pero siempre queda algún azúcar residual que no ha sido fermentado.

Levaduras: Se encuentran de forma natural en la uva, y es la causante de la fermentación de ésta, produciendo el vino.

Fenoles y Polifenoles: compuestos orgánicos que afectan al gusto, a la apariencia, al sabor y a la fragancia del vino. Además de en el vino, los podemos encontrar en el té y el café, en especias, frutas, verduras, cereales y otros componentes del reino vegetal.

Es importante saber, que el vino tinto contiene muchos más polifenoles que el vino blanco (200 mg por vaso vs 30 mg), hecho que se atribuye a la fermentación del mosto de uva del vino tinto (6).

Estos componentes están presentes en todas las partes de la uva, en su pulpa, semillas, piel y su zumo. La mayor parte de efectos positivos en la salud atribuidos al vino se atribuyen a los polifenoles, una clase de más de 8.000 componentes producidos, como dijimos anteriormente por diferentes tipos de plantas. Durante la elaboración del vino, su fermentación, la exposición al oxígeno, y durante el envejecimiento en barricas de roble, se produce un cambio en el contenido fenólico de las uvas, resultando en un producto de mucha mayor complejidad. Por eso, este tipo de sustancias no se encuentran en el mismo grado en la uva, en su zumo (mosto), que en el vino (7).

Aunque los polifenoles se pueden dividir en flavonoides y no flavonoides con sus diferentes categorías, no vamos a profundizar en eso, sólo decir que el componente del que más se habla en el vino es del resveratrol, que pertenece al grupo de los no flavonoides (6).

Los polifenoles pueden beneficiar a nuestra salud por diferentes razones, entre ellas, se cree que fermentan en nuestro intestino por nuestros microorganismos intestinales, creando metabolitos que pueden ser beneficiosos por su actividad antioxidante (8,9) Pueden reducir el estrés oxidativo el cual está detrás de muchas enfermedades, neutralizan los radicales libres, y podrían incluso contribuir a la mejora de nuestra microbiota (10,11,12). Además, su consumo se asocia a menor inflamación y menor oxidación del colesterol LDL (colesterol "malo"), mayor HDL (colesterol "bueno"), prevención de la obesidad, del síndrome metabólico, de la diabetes, etc. (13-23).



Metanol: Este compuesto tóxico también se encuentra en el vino, pero en muy pequeñas cantidades (0,1-0,2 g/l), y no solo se encuentra en el vino, sino que también aparece de forma natural en algunas frutas, verduras y sus zumos (3).

Aldehídos, otros alcoholes y ácidos. Los azúcares de la uva también se metabolizan en otros alcoholes, esteres y aldehídos, contribuyendo a la naturaleza tan compleja del vino, que como habéis visto lejos está de ser solo agua y alcohol, como quieren hacernos pensar algunos.  




Vino y enfermedad cardiovascular:

Seguramente todos conoceréis la paradoja francesa. Este término fue acuñado por primera vez en 1992, por parte de Renaud y Lorgeril.  Francia es uno de los países que tiene un mayor consumo de grasas saturadas (sobre todo grasa láctea), y a pesar de eso es un país con unas tasas de enfermedad cardiovascular bastante bajas. Muchos científicos han atribuido este hecho al consumo de vino por parte de su población, aunque es cierto, que otros lo han atribuido a las bebidas alcohólicas en general, y otros a distintas variables (19).


Vino español y vino francés


Pero veamos qué nos dicen los estudios publicados en los últimos diez años sobre el vino y la enfermedad cardiovascular.

En un estudio (24), en el que se analizaba a 6937 pacientes con enfermedad cardiaca, un vaso de vino al día se asoció a una mejor salud, menores síntomas depresivos y menor inflamación vascular.
En otro estudio, esta vez de Levantesi y colaboradores (25) realizado en 1248 personas que habían sufrido un infarto de miocardio, un consumo moderado de vino (menos de 500 ml/día) se asoció con una mejor salud cardiovascular y menor mortalidad, comparado con no beber nada, tras tres años y medio de seguimiento.

En el seguimiento de 449 médicos jubilados de una edad media de 75 años (26), se observó una asociación en J para la mortalidad, con una menor mortalidad en los hombres que tomaron una o dos bebidas alcohólicas al día, independientemente de si esta era vino, cerveza o licor.



En otro estudio realizado por Apostolidou y colaboradores (27) se investigó los efectos del consumo moderado de vino en 40 individuos con hipercolesterolemia. Las mujeres consumieron 125 ml de vino, y los hombres 250, o una bebida placebo durante un mes. Se mejoró la capacidad antioxidante en los pacientes, y el ratio LDL/HDL, lo que podría contribuir a prevención de eventos cardiovasculares. 

Chiu y colaboradores (28) también analizaron el efecto del consumo de vino en 23 pacientes con hipercolesterolemia (250 ml/día) durante 10 semanas. Como resultado mejoró igualmente la capacidad antioxidante, reduciéndose la oxidación del colesterol LDL.

El papel del vino en la agregación plaquetaria se investigó en un pequeño estudio con 12 voluntarios sanos (29). Éstos consumieron una comida junto con agua, vino tinto, vino blanco o alcohol. La inhibición plaquetaria fue mayor en el vino tinto comparado con el alcohol, y con el agua, mientras que los triglicéridos solo aumentaron con el alcohol, mientras que se redujeron con el vino blanco y con el tinto.

En pacientes con aterosclerosis carotídea (30), la combinación de una dieta mediterránea rica en polifenoles, junto con un consumo moderado de vino (100 ml/mujeres; 200 ml/hombres), y actividad física (30 min/día) por 20 semanas no afectó a la velocidad del flujo sanguíneo de la carótida interna y arteria cerebral media, sin embargo, se mejoró el ratio LDL/HDL de los participantes.

En otro ensayo clínico aleatorizado [Vino Veritas] (31) se investigó el efecto del vino tinto y blanco en la ateroesclerosis. 157 participantes tomaron o bien vino tinto o blanco durante 1 año. Después de este tiempo, el colesterol LDL se redujo en ambos grupos, mientras el colesterol total lo hizo sólo en el grupo del vino tinto.

Los vinos de mi despensa 


En pacientes con diabetes tipo 2, Blomster y colaboradores (32) realizaron un estudio para investigar el papel del consumo moderado de alcohol en su salud cardiovascular. Tras 5 años de seguimiento, los que consumieron alcohol de forma moderada tuvieron menos eventos cardiovasculares que los que no consumieron alcohol. Los que más se beneficiaron de esto fueron los que consumieron vino.

De hecho, la ingesta regular de vino se ha observado como beneficioso en la diabetes tipo 2. Un consumo de ligero a moderado aumenta la sensibilidad a la insulina. Dicho aumento se encuentra asociado con un mayor colesterol HDL y de niveles de apolipoproteína A1, principal componente proteico de las partículas de HDL en plasma (33-37).

En revisión de Fernández-Solá (38) se observa una relación en forma de U entre el consumo de alcohol (principalmente vino y cerveza) y la enfermedad cardiovascular. En base a este análisis la reducción de este tipo de enfermedad y de la mortalidad se asoció sólo con las personas que tenían un consumo bajo o moderado frente a los abstemios o que no bebían ningún tipo de bebida alcohólica en absoluto.  

Aunque existe una clara relación inversa entre el consumo de alcohol y el de riesgo cardiovascular documentada en numerosos estudios epidemiológicos (19,43), existe un debate sobre si el mismo alcohol es el que puede proporcionar ciertos beneficios cardiovasculares. Por un lado, podemos ver los argumentos de Rehm y colaboradores (38,39) quienes argumentan que el consumo de alcohol aumenta el riesgo de enfermedades crónicas, y que altas dosis de alcohol perjudican la salud cardiovascular, aumentando el riesgo de arritmia, muerte súbita cardiaca, miocardiopatía alcohólica e hipertensión.

En cuanto al vino, Grønbæk (40) mostró que, en una cohorte danesa, la mortalidad por cardiopatía isquémica disminuía en unos niveles de consumo estable, y que el vino confiere un mayor efecto protector que la ingesta de cerveza o licores. En las poblaciones de Oakland y San Francisco (41), se mostró igualmente que los bebedores ligeros tenían un riesgo bajo de cardiopatía isquémica, con la mayor reducción observada en las poblaciones de mayor edad. Los investigadores mostraron además que el consumo de vino se asoció con una reducción significativa de la mortalidad cardiovascular, sin que dicha correlación fuese observada para cerveza o licores.

Verdejo, mi blanco preferido


 Se informaron asociaciones inversas significativas para las 3 bebidas alcohólicas, (42) especialmente el vino, aunque con limitaciones, debido al diseño y el tipo de estudio. Hubo poblaciones en las que el consumo de un solo tipo de bebida prevaleció sobre otro, y en la mayoría de los casos, el vino confirió el mayor efecto. 

Los patrones de consumo, las características del estilo de vida, la ingesta dietética y otros factores de riesgo variaron en las poblaciones estudiadas; por lo tanto, estas podrían ser posibles variables de confusión para tales asociaciones. Además, existen inconsistencias metodológicas presentes en muchos de los estudios que hacen que sea difícil extraer interpretaciones con respecto a un tipo específico de bebida alcohólica que proporcione efectos cardioprotectores, por lo que simplemente apoyan, que el consumo de alcohol, en conjunto, se relaciona con una reducción en el riesgo de cardiopatía isquémica, siempre y cuando no se consuma en exceso (43).

Vino y control de peso.

He encontrado 5 estudios recientes que han investigado la posible relación entre el consumo de vino y la ganancia de peso.

En los dos primeros estudios de Golan y Gepner (44,45) el consumo de vino no afectó al peso de pacientes con diabetes tipo 2 tras iniciar su consumo y mantenerlo durante 2 años. Otro estudio realizado en hombres, tampoco pudo mostrar una relación entre el consumo de vino y el aumento de peso corporal (46). 

Sin embargo, los participantes de mediana edad, en la Cohorte de Melbourne (47) tuvieron un menor riesgo de aumentar su circunferencia abdominal y su peso cuando bebieron de bajas a moderadas cantidades de alcohol, incluyendo vino. De hecho, el índice de masa corporal medio fue menor entre los que bebían vino que en los que no tomaban ningún tipo de bebida alcohólica. Y también se asoció el consumo de vino a una menor circunferencia abdominal en un estudio de seguimiento realizado por Dumesnil en más de 7.500 hombres. (48).

Consumo de vino y síndrome metabólico

Con respecto al consumo de vino y síndrome metabólico, comentaremos 8 de los últimos estudios sobre el tema (49).



Comenzaremos con PREDIMED (50), el estudio más importante sobre alimentación y enfermedad cardiovascular llevado a cabo en España. Comparado con los no bebedores, los participantes que tomaban un vaso o más de vino tinto al día presentaron un riesgo un 44% menor de tener síndrome metabólico, un 41% de menor riesgo de circunferencia abdominal, un riesgo un 72% menor de hipertensión arterial. Esto se observó en mayor medida en mujeres, en pacientes con menos de 70 años y en fumadores.

En otro estudio 67 hombres con un alto riesgo cardiovascular (51) fueron aleatorizados a recibir vino tinto (30 g alcohol/día), el equivalente en vino sin alcohol, o ginebra (30 g de alcohol/día) por 4 semanas. Tras las 4 semanas la resistencia a la insulina se redujo tanto en el vino tinto, como en el vino tinto sin alcohol, indicando el papel beneficioso de los polifenoles en la sensibilidad a la insulina.

En otro estudio (52) con pacientes con diabetes tipo 2 y que no bebían previamente alcohol, fueron divididos al azar en tres grupos, en uno se le daban 150 ml de agua, en otro 150 ml de vino blanco y al tercero 150 ml de tinto, todo en la cena y durante dos años, junto con una dieta mediterránea. El vino tinto aumento el HDL y la apolipoproteína A1 y redujo el ratio colesterol total/HDL. 

Cuando se tuvieron en cuenta los genotipos en el metabolismo del alcohol, se observo que los metabolizadores lentos del alcohol se beneficiaban de un mejor control glucémico comparados con los que lo metabolizaban rápidamente. Así, según los autores, la iniciación a la ingesta moderada de vino tinto podría ayudar a reducir el riesgo cardiometabólico en pacientes con diabetes tipo 2, y respecto al control glucémico parece que tanto el alcohol, como los constituyentes no alcohólicos del vino podrían ser beneficiosos, aunque es cierto que en este estudio no se observan mejoras en la presión arterial, función hepática, adiposidad, etc.

Respecto a estudios de seguimiento a una cohorte poblacional, tenemos el estudio de los latinos (53), en los que los datos de más de 15.000 participantes mostraron que tanto un bajo como un consumo moderado de vino estaba asociado a menores tasas de síndrome metabólico comparado con los abstemios.



En el estudio ELSA (54) realizado en Brasil, también se asoció una ingesta de vino de 1 a 4 bebidas por semana a menores tasas de síndrome metabólico.

Otro estudio de este tipo, llamado LifeLines (55) igualmente asoció al vino a un menor riesgo de síndrome metabólico.

En otro estudio de cohortes (56) se trató de relacionar sin éxito el consumo de vino y el riesgo de síndrome metabólico en personas jóvenes (media de 35 años).

Por último, en otro estudio de cohortes, en este caso con datos del EPIC (57) se evaluó el riesgo de padecer diabetes entre los consumidores de vino en más de 66.000 mujeres. Entre las mujeres con sobrepeso el consumo de vino fue asociado negativamente con el riesgo de diabetes en un consumo de dos o más ingestas/día comparados con los que se abstuvieron del alcohol.

Pues no os doy más la tabarra con mil y un estudios sobre el tema. En el próximo post más cosas y puede que las conclusiones. Por el momento, creo que queda medianamente claro que el vino, y especialmente el vino tinto, es mucho más que agua con alcohol.

Y dejo que la despedida de esta primera parte la haga Michael Pollan (58): “Toma una copa de vino con la cena: Beber un poco todos los días, es mejor que beber mucho el fin de semana, y beber con las comidas, es mejor que beber con el estómago vacío. Puede que algún día la ciencia descubra qué complejas sinergias actúan en las dietas tradicionales que contienen alcohol, pero hasta entonces, podemos dejarnos cautivar por la sabiduría popular … y brindar por esa paradoja”.

A vuestra salud, lectores.



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