domingo, 3 de febrero de 2019

¿Puede la dieta prevenir la diabetes?



Nutrianarquia vuelve al blog tras su post del vino. Ha pasado más de un mes, y no han cambiado muchas cosas. Estuve 20 días de vacaciones, lo que me permitió hacer casi un post diario en Instagram, leer un par de libros, y seguir con un proyecto poco científico, pero en el que me río un montón y me lo paso muy bien. Este proyecto que comparto con Gus, se llama Anarkomida y creo que seguiremos en él hasta que dejemos de reírnos, y esperemos que no sea pronto.



La verdad es disfruto mucho más haciendo este tipo de programas que cuando me hacen entrevistas serias, pero bueno, creo que hay tiempo para todo, y que siempre que quieran contar conmigo y disponga de tiempo para cualquier entrevista, me encontrarán. Hay tiempo para reír y tiempo para aprender. Así que gracias a Carlos de Fitman Power por contar conmigo y a Carlos Otero de Fittarados por proponerme una futura entrevista.

En este tiempo he seguido las redes, como siempre, y ahora más con Anarkomida, y me han dado ideas para nuevos posts. No estamos hablando de post de ira, que ahora irán más en mi cuenta de Instagram, sino de post más currados que no se escriben en un calentón de 5 minutos por alguna parida que escriba algún influencer en Twitter, sino que exigen algunos días de investigación.

Y me gustaría profundizar en el tema de la detoxificación, y escribir un post sobre el zumo de naranja. Sin haber profundizado excesivamente sobre estos dos temas, creo que el zumo de naranja exprimido no es un problema de salud pública, como así lo ven algunos, y que, sobre todo, algunas plantas si podrían ayudar en ese proceso de detoxificación. Pero es un tema complejo, en el que necesitaré tiempo para profundizar y desarrollarlo. Creo que es muy simple decir: podemos comer lo que queramos que para eso tenemos al hígado y a los riñones que hacen esa función. 

Paridas de Influencers

Y lo de que el zumo es igual o peor que la fanta o la coca cola, tiene tela. Desde luego que sabiendo que el consumo de bollería, bebidas edulcoradas, energizantes, carnes procesadas y comida basura que se da en la actualizad, centrarnos en satanizar al zumo natural de naranja, o a alimentos como el jamón de bellota (con un consumo pírrico entre la población de clase media y nulo en clase baja), la miel, de la que ya hablé en un post de dietética sin patrocinadores link y al vino (del cual escribí recientemente).Link  Link

La miel, el zumo de naranja, el jamón y el vino como los 4 Jinetes del Apocalipsis. RADICALISMO NUTRICIONAL


De mis temas preferidos en nutrición, y de los que más he escrito en este blog son la diabetes y las enfermedades autoinmunes. Hoy volveremos al tema de la diabetes con una traducción de un paper recién publicado sobre prevención y diferentes tipos de dieta.

Aunque quizás en un principio, lo más lógico para la prevención y el tratamiento de una enfermedad que cursa con intolerancia a la glucosa e hiperglucemia sea reducir los carbohidratos, eso es un parche y no es ir a la causa del problema, del cual ya hemos hablando en muchas ocasiones en los distintos post que he escrito en este blog sobre el tema. Está claro que un enfoque de dieta saludable baja en hidratos de carbono puede ser un buen abordaje tanto para la prevención como para el tratamiento de la diabetes, aunque hay otros, como veremos, igualmente válidos. 

¿Todavía crees que sólo hay una dieta equilibrada?¿Te has tragado lo de los macros?


Porque cualquier dieta saludable, independientemente de sus macros, va a ayudar a mejorar tu salud, aunque los que me seguís desde hace tiempo, seguro que pensáis que la dieta es solo un punto para mejorar la salud, y si mejoramos ésta, pero seguimos sellados al sofá, viendo tele todo el día en lugar de saliendo a dar un paseo y a exponernos al sol en estas fechas invernales, si seguimos aburridos con pensamientos negativos en lugar de teniendo proyectos de futuro, si seguimos solos en casa en lugar de riéndonos con nuestra pareja, familia o amigos, si seguimos desmotivados en un trabajo que odiamos en lugar de buscar un futuro que nos atraiga, poco mejorará nuestra salud.

Bueno al lío: La autora del paper es Maria Ida Maiorino, endocrinóloga y doctora en metabolismo en la Universidad de Nápoles. No cuento con su consentimiento para hacer la traducción, así que no seais mala gente y no denunciarme, que suficiente tiene NutriAnarquía con las amenazas de Il Gran Capo.

El paper se titula: Puede la dieta prevenir la diabetes. Creo que es sencillo de entender para cualquier persona con una base mínima en ciencia, espero que os guste y cualquier cosa en la que no estéis de acuerdo, os invito a escribirla abajo en la sección de comentarios. Empezamos

1. Introducción

Cuatrocientos quince millones de adultos en todo el mundo vivían con diabetes en 2015 (prevalencia global del 8,8%), y se estima que estos datos aumentarán a más de 642 millones para 2040 (1). Hace poco más de diez años (Atlas de Diabetes, tercera edición, 2006), las misma federación internacional de diabetes, los autores del Atlas, proyectaron el número de personas con diabetes a 380 millones para 2025, un número que ya tristemente ha sido superado en la actualidad.

Desgraciadamente las previsiones se van quedando cortas


Realmente, la diabetes parece una epidemia fuera de control. Estas cifras también cuentan con el apoyo del informe de colaboración de factores de riesgo de enfermedades no transmisibles (NCD, por sus siglas en inglés) de 2014, que estimó que 422 millones de personas en todo el mundo vivían con diabetes, lo que indica que la epidemia se ha multiplicado por 4 en los últimos 35 años (2).

 La lista de los principales factores de riesgo para enfermedades no transmisibles incluye múltiples componentes de la dieta, y las malas dietas constituyen el principal impulsor de la carga mundial de enfermedades (3). Por el contrario, las intervenciones nutricionales centradas en los cambios en el estilo de vida dirigidas a reducir la pérdida de peso son efectivas para evitar la progresión hacia la diabetes tipo 2 en personas con alto riesgo de desarrollar diabetes (4-7).

La Asociación Americana de Diabetes (ADA) no recomienda ninguna dieta en particular para prevenir la diabetes tipo 2 (4): sin embargo, una variedad de patrones de alimentación han demostrado ser modestamente eficaces en el control de la diabetes, incluido el estilo mediterráneo, el estilo de los Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión (DASH, por sus siglas en inglés), los patrones basados ​​en plantas (veganos o vegetarianos), dietas bajas en grasa y bajas en carbohidratos (8).

Incluso una dieta baja en grasas puede ser saludable, aunque si cambiamos
margarina por aceite de oliva virgen, lo será aún más. 


En este paper, intentaremos analizar el efecto de las dietas saludables en la incidencia de la diabetes tipo 2.

¿Qué es una dieta saludable?

  Una dieta saludable debe incluir los muchos componentes que se consideran beneficiosos para el riesgo cardio-metabólico, incluidos todos los tipos específicos de grasas, carbohidratos y proteínas. Las dietas asociadas con la prevención de la diabetes tipo 2 suelen compartir componentes comunes, que incluyen una mayor ingesta de verduras, frutas, frutos secos, cereales integrales, legumbres, aceites y proteínas saludables y un consumo reducido de carnes procesadas y bebidas azucaradas.

Por ejemplo, si nos referimos a las características distintivas de la dieta mediterránea, podríamos hablar del gran consumo de alimentos de origen vegetal, con el aceite de oliva como principal fuente de grasa y un consumo de bajo a moderado de vino en las comidas (9). La dieta DASH es una dieta baja en sodio, mientras que una dieta “prudente” se refiere a un patrón alimentario alto en frutas, verduras, pollo, pescado, granos enteros y legumbres, y reducido en consumo de carnes rojas, harinas refinadas y refrescos azucarados (8).

Como los patrones dietéticos saludables representan la suma de muchos componentes saludables, no es sorprendente que la mayoría, si no todos, de estos componentes individuales, incluidos los alimentos derivados de plantas, mínimamente procesados (frutas, verduras sin almidón, legumbres, nueces y semillas) , están constantemente vinculados a la reducción de la incidencia de diabetes en estudios prospectivos (10).

Sí, la dieta mediterránea tiene vino, aunque le exploten los ojos a algunos. 


3. Todas las dietas saludables previenen la diabetes tipo 2

  Hasta ahora, la evidencia acumulada de que la dieta per se puede prevenir la diabetes proviene principalmente de estudios prospectivos de cohortes a largo plazo (hasta 23 años), aunque solo se dispone de un ensayo aleatorizado (11). En el estudio Prevención con Dieta Mediterránea (PREDIMED), un gran ensayo de intervención nutricional para la prevención cardiovascular primaria en personas con alto riesgo cardiovascular, 418 sujetos no diabéticos fueron asignados al azar a una supuesta dieta baja en grasas o a una de las dos dietas mediterráneas, complementadas con o bien aceite de oliva virgen libre o frutos secos (11). Tras un seguimiento de 4 años, la incidencia de diabetes se redujo en un 52% en los sujetos asignados a la dieta mediterránea, en comparación con el grupo control (11).

  Los patrones dietéticos saludables, independientemente de su nombre o siglas, se asocian con una incidencia reducida de diabetes tipo 2. El grafico que podéis ver a continuación resume los resultados de seis metanálisis (12-17) de estudios prospectivos que muestran una reducción significativa, que va del 15% al 33%, de la incidencia de diabetes con una mayor adherencia a dietas saludables. Esta asociación parece ser independiente de una variedad de factores de confusión, incluso ajustando por el estado peso (sobrepeso, obesidad) de los pacientes en el momento de la inscripción al estudio.

Diferentes tipos de dietas saludables previenen igualmente la aparición de diabetes



El efecto preventivo sobre la diabetes es similar en las dietas saludables.

 Parece que no hay diferencias significativas entre las magnitudes del efecto de diferentes tipos de patrones de alimentación saludables en la incidencia de la diabetes. En particular, la dieta mediterránea tiene la evidencia más abundante proveniente de 10 estudios prospectivos con 19,663 casos y una reducción del riesgo del 23% (14), mientras que la dieta DASH (Enfoque dietético para reducir la hipertensión) presenta una evidencia más limitada con 3 estudios de cohortes, 3415 casos y una reducción del riesgo del 27% (13).

Las dietas saludables funcionan en cualquier latitud.

  Estas dietas funcionan en todo el mundo. Su efecto en la reducción del riesgo de diabetes fue similar para los estudios prospectivos que incluyeron EE. UU. (24% de riesgo reducido, 7 cohortes con 10047 casos), Europa (25% de riesgo reducido, 5 cohortes con 4097 casos), Asia (16% de riesgo reducido, 7 cohortes con 6166 casos) y Australia (17% de riesgo reducido, 1 cohorte con 365 casos) (13). La dieta mediterránea se evaluó específicamente en dos meta-análisis (13, 16) y produjo una reducción media del 20% en la incidencia de diabetes.

Los sujetos de alto riesgo son los que más benefician

 Las dietas saludables parecen funcionar mejor en sujetos de alto riesgo. En los participantes con mayor riesgo de desarrollar diabetes (diabetes gestacional previa, infarto de miocardio previo, pacientes con factores de riesgo cardiovascular), la adherencia a una dieta mediterránea se asoció inversamente con el desarrollo de la diabetes (35% de riesgo reducido, 3 cohortes), en comparación con el 17% de reducción de riesgo de participantes aparentemente sanos (7 cohortes) (13). Estas cifras también fueron similares cuando se compararon patrones dietéticos saludables (31% frente a 14%).

 Los resultados de Women´s Health Initiative (18), que evaluaron a 101,504 mujeres posmenopáusicas estadounidenses seguidas durante aproximadamente 15 años con 10.815 nuevos casos de diabetes tipo 2, concuerdan con los datos presentados en los meta-análisis. Las personas con mayor puntuación en adherencia a los patrones de alimentación saludable tuvieron un riesgo significativamente menor de diabetes tipo 2 en comparación con las personas con una menor puntuación, o una peor dieta.

Se ha observado un menor riesgo de diabetes del 15% utilizando el índice de adherencia a dieta mediterránea, un 17% con el índice de alimentación saludable, el 22% con el índice de alimentación saludable alternativa y el 26% con el índice de adherencia a la dieta DASH. Estos porcentajes de reducción se encuentran dentro de los intervalos de confianza del 95% del tamaño del efecto combinado de los patrones dietéticos saludables en la incidencia de diabetes (reducción del 14% al 26%).

También se observó un menor riesgo de desarrollar diabetes en los participantes del Adventist Health Study-2 (19), 15,200 hombres y 26,187 mujeres en todos los EE. UU. y Canadá, con 616 casos diagnosticados con diabetes y donde la reducción del riesgo varió de 62% en veganos, un 32% en ovolactovegetarianos y un 51% en dietas semi-vegetarianas (flexitarianas).

También los vegetarianos y veganos pueden reducir su riesgo de diabetes


Conclusión

A la luz de la gran cantidad de factores cardio-metabólicos que pueden mejorarse mediante los hábitos alimentarios, podemos considerar a la dieta como un medio confiable para reucir la incidencia de diabetes futura. El patrón dietético óptimo para reducir el riesgo cardiovascular podría ser uno que enfatice el consumo de frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos, pescado, aves de corral y un consumo moderado de productos lácteos y grasas saludables para el corazón (20). Además, en lo que se refiere a la muerte atribuible a determinados factores de riesgo conductuales y dietéticos, las dietas bajas en frutas ocupan el tercer lugar (entre 13), mientras que las dietas bajas en frutos secos y semillas, bajas en vegetales, bajas en cereales integrales y bajas en pescado ocupan el lugar 9, 11, 12 y 13, en la clasificación, respectivamente (21).

 La OMS propone enfoques multisectoriales basados ​​en la población para ayudar a reducir los factores de riesgo para la diabetes en la población general (http://www.who.int/diabetes/global-report/en/).

La regulación del sistema alimentario (políticas comerciales, comerciales y subvenciones agrícolas) también es importante para promover una alimentación más saludable.

 Las dietas saludables para combatir la diabetes funcionan en cualquier latitud, en diferentes grupos raciales y etnias, en la población con mayor riesgo de diabetes, así como en la población general.

La diabetes no es cosa sólo de nutricionistas, es un problema grave de salud publica
 que no mejorará sin la unión de todos. 


Por último y no por ello menos importante, la promoción de una alimentación saludable debe comenzar a una edad temprana e implicar a los mayores estratos sociales de la población.

Bibliografía


1) International Diabetes Federation. IDF Diabetes Atlas, Seventh edition; 2015 update. (2016). http://www.diabetesatlas.org/accessed 30/08/2016.
2) Editorial. Beat diabetes: an urgent call for global action. (2016). Lancet, 387, 1483.
 3) International Food Policy Research Institute. 2016. Global Nutrition Report 2016: From Promise to Impact: Ending Malnutrition by 2030. (2016). Washington, DC. http://globalnutritionreport.org/accessed 30/08/2016.
4) American Diabetes Association. (2016). Prevention or delay of type 2 diabetes. Diabetes Care, 39 (Supplement 1), S36-S38.
 5) Tuomilehto, J., Lindstrom, J., Eriksson, J.G., Valle, T.T., Hamalainen, H., Ilanne-Parikka, P., Laakso, M., Louheranta, A., Rastas, M., Salminen, V., Uusitupa M; Finnish Diabetes Prevention Study Group. (2001). Prevention of type 2 diabetes mellitus by changes in lifestyle among subjects with impaired glucose tolerance. New Engl J Med, 344, 1343–50.
6) Knowler, W.C., Barrett-Connor, E., Fowler, S.E., Hamman, R.F., Lachin, J.M., Walker, E.A., Nathan, D.M.; Diabetes Prevention Program Research Group. (2002). Reduction in the incidence of type 2 diabetes with lifestyle intervention or metformin. New Engl J Med, 346, 393–403.
7) Ramachandran, A., Snehalatha, C., Mary, S., Mukesh, B., Bhaskar, A.D., Vijay V.; Indian Diabetes Prevention Programme (IDPP). (2006). The Indian Diabetes Prevention Programme shows that lifestyle modification and metformin prevent type 2 diabetes in Asian Indian subjects with impaired glucose tolerance (IDPP-1). Diabetologia, 49, 289–97.
8) Evert, A.B., Boucher, J.L., Cypress, M., Dunbar, S.A., Franz, M.J., Mayer-Davis, E.J., Neumiller, J.J., Nwankwo, R., Verdi, C.L., Urbanski, P., Yancy, W.S. Jr. (2014). Nutrition therapy recommendations for the management of adults with diabetes. Diabetes Care, 37 Suppl 1, S120-43.
9) Esposito K, Maiorino MI, Bellastella G, Panagiotakos DB, Giugliano D. (2016). Mediterranean diet for type 2 diabetes: cardiometabolic benefits. Endocrine, 2016 doi: 10.1007/s12020-016-1018-2
10) Mozaffarian, D. (2016). Dietary and policy priorities for cardiovascular disease, diabetes, and obesity. A comprehensive review. Circulation, 133, 187-225.
 11) Salas-Salvadó, J., Bulló, M., Babio, N., Martínez-González, M.Á., Ibarrola-Jurado, N., Basora, J., Estruch, R., Covas, M.I., Corella, D., Arós, F., Ruiz-Gutiérrez, V., Ros, E; PREDIMED Study Investigators. (2011). Reduction in the incidence of type 2 diabetes with the Mediterranean diet: results of the PREDIMED-Reus nutrition intervention randomized trial. Diabetes Care, 34, 14-9.
12) Esposito, K., Kastorini, C.M., Panagiotakos, D.B., Giugliano, D. (2010). Prevention of type 2 diabetes by dietary patterns: a systematic review of prospective studies and meta-analysis. Metab Syndr Relat Disord, 8, 471-6.
13) Esposito, K., Chiodini, P., Maiorino, M.I., Bellastella, G., Panagiotakos, D., Giugliano, D. (2014). Which diet for prevention of type 2 diabetes? A meta-analysis of prospective studies. Endocrine, 47, 107-16.
14) Koloverou, E., Esposito, K., Giugliano, D., Panagiotakos, D. (2014). The effect of Mediterranean diet on the development of type 2 diabetes mellitus: a meta-analysis of 10 prospective studies and 136,846 participants. Metabolism, 63, 903-11.
15) Alhazmi, A., Stojanovski, E., McEvoy, M., Garg, M.L. (2014). The association between dietary patterns and type 2 diabetes: a systematic review and meta-analysis of cohort studies. J Hum Nutr Diet, 27, 251-60.
16) McEvoy, C.T., Cardwell, C.R., Woodside, J.V., Young, I.S., Hunter, S.J., McKinley, M.C. (2014). A posteriori dietary patterns are related to risk of type 2 diabetes: findings from a systematic review and meta-analysis. J Acad Nutr Diet, 114, 1759-75.e4.
17) Schwingshackl, L., Missbach, B., König, J., Hoffma, G. (2015). Adherence to a Mediterranean diet and risk of diabetes: a systematic review and meta-analysis. Public Health Nutr, 18, 1292-9.
18) Cespedes, E.M., Hu, F.B., Tinker, L., Rosner, B., Redline S, Garcia L, Hingle M, Van Horn L, Howard BV, Levitan EB, Li W, Manson JE, Phillips LS, Rhee JJ, Waring ME, Neuhouser ML. (2016). Multiple healthful dietary patterns and type 2 diabetes in the women’s health initiative. Am J Epidemiol, 183, 622–33.
19) Tonstad, S., Stewart, K., Oda, K., Batech, M., Herring, R.P., Fraser, G.E. (2013). Vegetarian diets and incidence of diabetes in the Adventist Health Study-2. Nutr Metab Cardiovasc Dis, 23, 292–99.
20) Anand, S.S., Hawkes, C., de Souza, R.J., Mente, A., Dehghan, M., Nugent, R., Zulyniak, M.A., Weis, T., Bernstein, A.M., Krauss, R.M., Kromhout, D., Jenkins, D.J., Malik, V., Martinez-Gonzalez, M.A., Mozaffarian, D., Yusuf, S., Willett, W.C., Popkin, B.M. (2015). Food consumption and its impact on cardiovascular disease: Importance of solutions focused on the globalized food system. A report from the workshop convened by the World Heart Federation. J Am Coll Cardiol, 66, 1590–614.

21) Ezzati, M., Riboli, E. Behavioral and dietary risk factors for noncommunicable diseases. (2013). N Engl J Med, 369, 954-64.



martes, 25 de diciembre de 2018

El vino. ¿Verdades, mentiras, o verdades a medias? Parte Final



Meses después, Nutrianarquía vuelve con la segunda parte del vino. No he sacado tiempo hasta ahora de terminar este post, pero nunca es tarde si la dicha es buena. Así que vamos al lío. En primer lugar, decir que el post no tuvo muy buena acogida por parte de mucha gente, y dio para algún debate en twitter. Pero mi intención no es caer bien a todo el mundo, ni escribir lo que la gente quiere leer. Así que volveré a escribir lo que encuentre sobre las partes que quedaron sin abarcar en el primer post y concluiré lo que a día de hoy piense.



Otra gente me dijo que esa marabunta de estudio tras estudio es un rollazo, y que es mejor pillar un buen estudio y hablar sobre él. Pero creo que es mejor ver estudio tras estudio y observar las tendencias en los resultados. ¿Por qué? Porque conozco bloguers que le han dedicado un post a un estudio en concreto, cuando todo lo que había publicado contradecía a ese estudio, y se ha dado la idea de verdad absoluta a una cosa, que estaba lejos de serla.

Quizás mañana pueda pensar otra cosa, porque nunca he sido ni de verdades absolutas ni de ideas fijas e inamovibles. Si alguien me convence con datos, de que algo de los datos que presento no son certeros, si salen nuevos estudios con nuevas evidencias, no tengo ningún problema en cambiar de opinión.

Al toro, en la primera parte vimos una breve historia del vino, sus componentes, diversos estudios sobre vino y enfermedad cardiovascular, vino y control de peso, y vino y síndrome metabólico.

En este segundo post, nos adentraremos dentro de la relación entre el consumo de vino y la salud mental, microbiota, cáncer y la mortalidad total. Y antes de la conclusión, veremos un popurrí de estudios de vino y algunas otras cosas.



Vino y salud mental:

A pesar de su pequeño tamaño, el cerebro consume de un 15 a un 20% del oxigeno que respiramos, lo que lo hace altamente susceptible al estrés oxidativo (1).  

Son muchos los estudios que han mostrado efectos positivos del vino en la salud mental. Veámoslos con más detalle.

En un estudio en el que siguieron a las personas por 7 años, los que bebieron vino de forma moderada puntuaron más alto en los test cognitivos que los que tomaban otro tipo de bebida alcohólica.  En mujeres, de hecho, las que no bebían nada de alcohol, puntuaban más bajo que las que consumían vino. (2).

En un estudio realizado en Suecia, con más de 12.000 participantes, se observó que cada gramo adicional a 1,16 gramos por día se asociaba a una reducción del riesgo de demencia del 2%. Pero el superar los 12 gramos de alcohol por día se asociaba con un mayor riesgo. El consumo moderado de nuevo se observó factor protector (3).

En una cohorte de casi 600 personas de diferentes razas que vivían en Nueva York, se vio una asociación dosis-respuesta entre el consumo de vino y el volumen total cerebral, indicando un posible efecto protector del vino en el cerebro (4).

En otro estudio de cohorte, en la provincia de Güeldres, en Holanda, se siguió durante 10 años a más de 2500 participantes de entre 43 y 70 años. El vino tinto, fue asociado a mejor función cognitiva global, mejor flexibilidad y memoria con el efecto más positivo observado en los 1,5 vasos de vino al día (5).

El consumo de vino en esta cohorte, fue la única bebida alcohólica que se asoció a una protección de la salud mental, lo que podría indicar, que son los componentes no alcohólicos del vino los que pudieran ejercer dicha protección.

 Aunque, es cierto que no en todos los estudios se observan resultados tan positivos. Por ejemplo, en una cohorte de 360 pacientes que fueron seguidos por casi 20 años, el consumo de vino no afecto al deterioro cognitivo (6).

En PREDIMED, el estudio de intervención más grande hecho en España y en Europa con dieta, se observó que el consumo de vino de 2 a 7 vasos por semana fue asociado de forma significativa con un riesgo un 32% inferior de padecer depresión, aunque un consumo excesivo de alcohol puede aumentar el riesgo de ésta (7). De nuevo se observan claras diferencias entre moderación y exceso.  

En otro estudio observacional realizado en Italia a más de 1500 personas, se encontraron efectos positivos de los polifenoles contra la depresión. El consumo de vino, de forma específica, se asoció a menor riesgo de síntomas depresivos (8).

En otra revisión de estudios que abarcaba 19 países, la función mental se redujo más rápidamente en no bebedores que en bebedores moderados (9).

Estudios prospectivos muestran además un menor riesgo de demencia, de enfermedad de Parkinson y de Alzheimer entre los que beben vino de forma regular y moderada. (10-13).




Microbiota

Sabemos de los efectos prebióticos de los polifenoles. Y estos son aplicables también a los polifenoles que encontramos en el vino. Por ejemplo, 2 vasos de vino aumentan los niveles de Bifidobacterium y de Enterococcus, comparado con un consumo de Ginebra que no muestra beneficios (14).

Otra bacteria presumiblemente beneficiosa para nuestros intestinos, los Bacteroides, se asociaron de forma positiva al consumo de vino tinto (15).

Un ensayo clínico aleatorizado con una muestra de 41 pacientes trató de averiguar los cambios en los metabolitos fenólicos derivados de la microbiota en las heces (16). Aumentaron 10 compuestos después de que los voluntarios hubiesen tomado un cuarto de litro de vino al día por un periodo de 1 mes, y el contenido total de metabolitos fenólicos también aumentó. Se observó una capacidad diferente de la microbiota intestinal para metabolizar los polifenoles del vino.

Este mismo grupo de investigación, realizó otro análisis que mostró que el vino tinto sin alcohol cambia el contenido de 8 ácidos fenólicos, y que el alcohol no influye en la formación de los metabolitos fenólicos (17). De nuevo, el vino es mucho más que alcohol.

Se ha estudiado igualmente la asociación entre vino tinto, estrés oxidativo, inflamación y poblaciones de microbiota fecal en adultos. En este caso se trato de una muestra de 38 voluntarios (18). Aquellos que consumieron 100 ml de vino tinto al día tuvieron menores concentraciones de malondialdehido que se forma por peroxidación lípidica de acidos grasos insaturados y es un marcador de la degradación oxidativa de la membrana celular. Así, un consumo moderado y regular de vino tinto podría reducir la oxidación de las grasas, en cuyo mecanismo podría estar implicado la microbiota.

También se ha investigado si el vino tinto puede protegernos o provocarnos endotoxemia (concentración elevada de lipopolisacáridos(LPS) en sangre que puede llevar a inflamación, adiposidad, y a procesos de autoinmunidad). Un alimentación rica en grasas refinadas (sobre todo saturadas), y/o grasas de mala calidad, aumenta la endotoxemia.

 En el estudio, 10 voluntarios fueron aleatorizados a recibir o bien ginebra, o vino tinto o vino tinto sin alcohol. No se observaron diferencias significativas entre en las concentraciones de LPS entre los voluntarios (19). Las poblaciones de bifidobacterias y la prevotella crecieron significativamente y estas bacterias se asociaron a una menos concentración de LPS.

Otro estudio (20) incluyo 10 pacientes sanos, y otros 10 con síndrome metabólico en el que los participantes o bien consumieron vino tinto o vino tinto sin alcohol. Entre los pacientes con síndrome metabólico los polifenoles del vino tinto aumentaron significativamente el número de lactobacilus, bifidobacterias y bacterias productoras de ácido butírico (beneficioso para las células del colon), y lo hicieron a expensas de bacterias productoras de LPS (bacterias “malas”).  Los cambios en la microbiota de los pacientes con síndrome metabólico, podrían haber sido los responsables de su mejoría.

Por último, en otro estudio (21) se observó en un grupo de 15 jóvenes voluntarios, que el consumo de vino tinto aumenta la diversidad de la microbiota medida en heces, comparado con 5 voluntarios del grupo control que no bebieron vino.



Cáncer

La idea que todos tenemos de las bebidas alcohólicas y el cáncer hoy día es clara. El alcohol y el cáncer van de la mano, cualquier dosis de alcohol es un riesgo para contraer cáncer, es el típico mensaje que se suele divulgar hoy en día entre los nutricionistas.

De hecho, los estudios han mostrado una asociación entre un consumo de alcohol elevado (+3 vasos hombres y + de 2 mujeres) y distintos tipos de cáncer (hígado, intestino, mama, bucal, faringe, laringe, esófago) (22,23). E incluso en un estudio publicado por Klatsky (24) y colaboradores se observó un aumento en la incidencia de cáncer incluso con un consumo moderado de alcohol, aunque en las limitaciones del estudio, los autores comentaron que fue probable que las personas infraestimaran su consumo, lo que dificultaba hacer conclusiones categóricas de los resultados.

Pero en la primera parte de este post, se vio que le vino era mucho más que alcohol, y que tenía cientos de componentes, luego pensar que el vino es sinónimo de alcohol y nada más, puede llevarnos a engaños. Así que en lugar de analizar todos los estudios que relacionan el cáncer con el alcohol, haremos una cosa diferente. Ver los estudios que tenemos disponibles que relacionen el consumo de vino con el cáncer.

Y los hay, no os creáis que no. Por ejemplo, en los últimos 5 años hay más de 10 estudios que han sido publicados y tratan de observar la relación entre el consumo de esta vieja bebida y el cáncer. ¿Nos sorprenderán los resultados?
Vamos a verlos.

En un estudio sobre el carcinoma de células basales (25) en el que se utilizaron datos de las cohortes del estudio de la salud de las enfermeras (NHS y NHSII), con una muestra de más de 200.000 mujeres, más los datos de más de 40.000 hombres del estudio de seguimiento a los profesionales sanitarios, se observó que un aumento en el consumo de vino se asociaba a un mayor riesgo en este tipo de cáncer, aunque en otro estudio de 380 casos y 390 controles (26) no se encontró tal asociación.

El estudio EPIC, uno de los estudios prospectivos más importantes hasta la fecha, trató de observar la relación entre cáncer y alimentación, e investigo la relación entre el cáncer de vejiga y endometrio y el consumo de vino (27,28). En dicha cohorte no se encontró relación significativa entre el consumo de vino y estos tipos de cáncer.

Con respecto al cáncer epitelial de ovarios en un estudio de casos y controles (29), se observó que el consumo de vino se asoció a un menor riesgo, y la protección fue más fuerte para los que bebieron vino tinto que para los que bebieron blanco.

Respecto al cáncer de cabeza y cuello, en una cohorte holandesa de más de 120.000 participantes (30), no se encontró asociación entre el consumo de vino y dichos tipos de cáncer. De hecho, se observó una protección ante estos tipos de cáncer entre los bebedores moderados de vino, aunque esta relación no fue significativa. También en otro estudio con una cohorte de más de 24.000 personas (31), el consumo de vino fue asociado a menor riesgo de adenocarcinoma en el esófago, aunque igualmente no fue estadísticamente significativo.

También se ha investigado la relación entre el consumo de vino y el riesgo de melanoma y otros tipos de cáncer de piel. Se hizo con una muestra de casi 60.000 mujeres(32) del estudio: iniciativa de la salud de la mujer (WHI). Tras 10 años de seguimiento las mujeres que bebían más de 7 bebidas alcohólicas por semana tenían un mayor riesgo tanto de melanoma como de otros tipos de cáncer de piel. Y comparando con mujeres no bebedoras, un mayor consumo a lo largo de la vida de licores o de vino blanco se asoció igualmente a mayor riesgo. Con los datos de otras cohortes de la que ya hemos hablado, la del  (NHS, NHS II y la del seguimiento de profesionales de salud) también se observó una mayor relación entre el riesgo de melanoma y el vino blanco (un 13% más por cada vaso al día) (32-33).

Respecto al cáncer de mama, en un estudio también con los datos del EPIC (34) y en una muestra de más de 65000 mujeres francesas, se observó que en las postmenopáusicas, el consumo de vino aumenta el riesgo de cáncer de mama un 33% más, por cada dos vasos de vino al día, comparado con las mujeres abstemias.

En otro estudio se investigó el papel del alcohol en la prognosis y la supervivencia en pacientes en fase 3 de cáncer de colon. Un consumo de vino tinto moderado se asoció con una mayor supervivencia, con menor tiempo de recurrencia y con supervivencia libre de la enfermedad. Estos datos no fueron muy distintos de los que se observaron en otro estudio con más de 3000 pacientes alemanes con cáncer colorectal, donde los abstemios tuvieron una peor supervivencia global y específica a este tipo de cáncer (35-37).

¿Es el alcohol del vino el elemento que podría actuar como protector en este tipo de cáncer? Pues parece que no, ya que en otro estudio se mostró que un consumo moderado de alcohol se asoció a un mayor riesgo (no significativo) de cáncer colorectal, aunque los que consumieron vino tinto, en un contexto de dieta mediterránea, tuvieron un menor riesgo (38).

Los polifenoles encontrados en el vino, tales como el resveratrol y la antocianina sí han mostrado actividad anticancerígena inhibiendo la proliferación celular de este tipo de células e induciendo su muerte (39-41).

Por ello, en general, los bebedores moderados de vino tienen una menor mortalidad por cáncer, mientras que los que beben otro tipo de bebida alcohólica tienen un mayor riesgo (42).

También se han publicado estudios que han estudiado el efecto de si un vaso de vino antes de las comidas podría aumentar el apetito en enfermos de cáncer, ya que, en este tipo de pacientes, es muy común la perdida de peso y la desnutrición. Pero, no se encontraron diferencias significativas ni en el apetito ni en el peso (43-44).



Mortalidad total

El consumo de vino está asociado a menor mortalidad total. En un estudio de 11 años de seguimiento con más de 13.000 adultos daneses, se observó que los que bebían vino tuvieron menor riesgo de morir que los que tomaban otras bebidas o los que no bebían ninguna bebida alcohólica (45).   Y otro estudio prospectivo de casi 25.000 personas
(42) de 20 a 98 años mostro que los que consumían vino de forma moderada tenían menor mortalidad por cualquier causa que los que abstemios.


 Desde los hallazgos de St Leger, varios estudios epidemiológicos han encontrado una asociación entre el consumo de vino y un riesgo reducido de mortalidad por enfermedad cardiovascular, y mortalidad total tanto en Europa como en los Estados Unidos (46-49).

También en otros estudios, se encontró que el consumo de vino se asoció a una mayor reducción del riesgo cardiovascular y la mortalidad total que el consumo de cerveza y bebidas alcohólicas (50-52).

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Otros estudios:

En el estudio aleatorizado: la ingesta de vino tinto en diferentes comidas modula el nivel de LDL oxidado, la expresión genética oxidativa e inflamatoria en personas sanas (53), se observó como el consumo de vino reducía la inflamación, y oxidación del LDL tras una comida en el McDonald’s de forma significativa, y mejoraba igualmente la oxidación, pero en menor medida, tras una comida mediterránea.



En otro estudio igualmente se muestra como el vino inhibe la oxidación del colesterol provocada por los radicales libres (54).

En un pequeño ensayo clínico se observo que el vino podría prevenir los efectos negativos vasculares del tabaco (55).

En varios estudios se observa como los polifenoles del vino reducen la expresión de marcadores inflamatorios (56,57), puede representar una simple y económica estrategia para reducir la inflamación intestinal (58), es seguro y reduce la calprotectina (marcador de inflamación intestinal) en pacientes con enfermedad inflamatoria inactiva (59)(Crohn y Colitis ulcerosa), que refieren igualmente menor malestar intestinal que con otras bebidas alcohólicas o azucaradas (60).

 En otro estudio se observa una reducción en 16 marcadores de inflamación con un consumo de vino moderado (61).  En un último estudio realizado en Madrid, se redujeron los factores pro-inflamatorios en voluntarios sanos y aumentó la capacidad antioxidante, aun tomándolo en una comida alta en grasas saturadas y azúcar (62).




Conclusiones

El vino es mucho más que alcohol (63-66), pero su consumo en exceso tiene riesgos. En muchos accidentes de tráfico, muchos casos de violencia de todo tipo, el alcohol se encuentra presente, y sí, el vino también contiene alcohol.

La genética puede jugar un importante rol en el alcoholismo (67). Si en tu familia hay una historia de alcoholismo, es mejor que evites el alcohol. El 1% de la población puede ser sensible a los sulfitos (68), que también se encuentran en el vino.

Muchos medicamentos presentan interacciones con el alcohol, así que evita beber alcohol cuando los consumas.

Aunque algún estudio ha sugerido que dosis muy pequeñas de alcohol podrían no ser problemáticas para el feto (69), no se ha establecido una dosis segura de alcohol para las embarazadas.




Pero no debemos ocultar los datos. Existe una fuerte posibilidad biológica de que el vino, y especialmente el vino tinto, tenga un efecto positivo en el organismo. En consonancia con esa premisa, varios estudios clínicos han encontrado beneficios, en gran parte debido a una reducción en los marcadores inflamatorios, oxidativos y en la prevención de la enfermedad cardiovascular.

Es cierto que se ha asociado a los bebedores de vino a opciones de estilo de vida más saludables que aquellos que beben otras bebidas, por lo que el efecto en la salud atribuido al vino podría deberse a algunos factores de confusión como que los consumidores de vino tuvieran un mayor estatus socioeconómico, un comportamiento y una dieta más saludable, menor hábito tabáquico y menores factores de riesgo ante enfermedades graves.

Por lo tanto, si no tomas vino o no te gusta, tienes componentes genéticos de alcoholismo, eres sensible a los sulfitos, tomas medicación que presente interacciones con el alcohol, estás embarazada, vas a conducir o tienes factores de riesgo de cáncer de mama, no hay razón para que empieces a beber vino. Podrás encontrar polifenoles en otros alimentos igualmente saludables, como en frutas y en su zumo y en las verduras.

Si eres bebedor o bebedora, y no presentas estos problemas, consúmelo siempre en las comidas y de una forma moderada. Y más importante que un buen vino, escoge una buena compañía, disfruta del momento, porque, la salud es mucho, mucho más que una bebida o un alimento.

La prohibición de alcohol en un condado de USA originó un descenso del 15% en el número de patentes. Disminuyó la interacción social y la creatividad, afectando sobre todo a los hombres (70).

Así mismo, en pequeños pueblos de Inglaterra cuando cerraba el único pub, a pesar de reducirse el consumo de alcohol, subía la mortalidad (71).

Así que para despedir el año y comenzar uno nuevo, reúnete con los que te quieren y, si os gusta, descorchar un buen vino y brindad por vuestros deseos. Feliz año a todos y larga vida al vino.

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