martes, 31 de enero de 2017

SinAzucar.Org, Real Food, Paleo y otras tendencias.


Ya hace tiempo que no escribía en el blog, pero cuando saltan polémicas y cosas que contar siempre se saca un rato. Ya sabéis…hace más el que quiere que el que puede. Y hoy quería.

Empezaremos por la iniciativa sinazúcar.org, que lidera un compañero fotógrafo, concretamente Antonio Estrada. Realmente ha sido todo un boom, y un shock para algunos. Yo creo que el interés por el azúcar escondido venía de lejos. Recuerdo perfectamente una publicación de mi colega Lucía Redondo en el que hacía un trabajo de clase mostrando en bolsitas, el azúcar que contenían ciertos alimentos, en su mayor parte líquidos, y realmente fue tan impactante, que en aquellos tiempos se compartió más de 1000 veces. Pues si hacemos esto de una manera profesional, lógicamente el impactó podrá ser aún mayor, y eso es lo que ha pasado, que sinazúcar.org ha crecido como la espuma, y ha generado un montón de fans, pero también unos cuantos haters.



Podrás estar de acuerdo o no en la forma de trabajo de Antonio, podrás pensar que no se debería contar el azúcar naturalmente presente en algunos productos, aunque estos se encuentren en forma de “azúcares libres” pero no sean añadidos, o por el contrario creer que hay que ser realista y contar todos los azúcares que presenta el alimento, sean propios o extraños (añadidos).

Pero lo que está claro es que sinzazúcar.org ha servido para que el gran público se diese cuenta de una cosa: los alimentos procesados, en general, tienen mucha azúcar. Luego podremos debatir en la conveniencia de que se hayan analizado unos productos (alimentos) u otros, que no engañamos a nadie diciendo que polémicas ha habido, y seguramente las seguirá habiendo, porque la nutrición…la nutrición, es casi una religión para muchos, y cuando te tocan la “ideología” duele, a mí el primero.

Reincidir en la importancia de la iniciativa que como era normal ha chocado contra el grande, el todopoderoso…la GRAN INDUSTRIA ALIMENTARIA. Lógicamente la gran industria lucha por vender, y estas iniciativas no le ayudan a alcanzar sus objetivos, así que como son poderosos…o haces lo que yo quiero o denuncia al canto.



Sinceramente yo obraría con total trasparencia, como creo que está haciendo Antonio,  y haría públicas todas las amenazas de la Industria, pero no me complicaría la vida. A mi no me gusta ir a un juicio, incluso si tengo razón. Y no sigo…que a buen entendedor…

Independientemente de sumarme a la iniciativa, me gustaría analizar algunos de los posibles problemas que a mi entender podría tener:
1-     Culpabilizamos a las grasas de todos los males…¿serán los alimentos con azúcares (sean estos libres, simples, complejos, celulares, acelulares, altos en índice glucémico, bajos en índice glucémico) los nuevos villanos de la nutrición?
2-     ¿Le daremos argumentos a los fanáticos low carb para satanizar a alimentos que como contienen azúcares deben ser lo peor de lo peor?
3-     La industria se adaptará a las demandas del consumidor, pero ¿habrá algún beneficio en la salud pública si los alimentos pasan de tener azúcar a otros edulcorantes con o sin calorías?¿Ayudarán a evitar la obesidad las galletas sin azúcares añadidos, los bollycaos o el resto de alimentos procesados con ZERO azúcares?



Sinceramente esto se nos puede ir de las manos, y hemos de ser muy cuidadosos. Porque seguramente el azúcar no sería un problema si no estuviera acompañado de las grasas, la sal, los almidones refinados y el resto de aditivos que componen un alimento hiperprocesado y que lo hacen a la misma vez hiperpalatable, y tan atrayente al consumidor que no puede resistirse a ellos.

 ¿Por qué? La respuesta la da Guyenet en su nuevo libro todavía sin publicar llamado The Hungry Brain. Allí Guyenet escribe: “El cerebro humano evolucionó durante más de quinientos millones de años como un órgano procesador de información que lleva a cuestas nuestras necesidades de supervivencia. Es una pieza increíblemente compleja de maquinaria biológica, pero podemos conceptualizar algunas de sus funciones de manera simple. En su libro Fascinating Thinking, Fast and Slow, el investigador de psicología Daniel Kahneman divide el pensamiento del cerebro en dos dominios que llama sistema 1 y sistema 2. En el sistema 1, el procesado es rápido, sin esfuerzo, intuitivo e inconsciente. Él decide si ese pastel que está detrás del mostrador tiene una apariencia y un olor suficientemente tentador como para comprarlo. Los procesos del Sistema 2 son lentos, esforzados, racionales y conscientes. El decide si la salud potencial y las consecuencias que tendrá el consumo del pastel en nuestro peso valen la pena, y podrá anular el impulso para comprarlo, o por el contrario no hacerlo. Como ilustra este ejemplo, estos dos sistemas pueden albergar objetivos que compiten dentro del mismo cerebro. Pero el sistema 1, sostiene Kahneman, es el más influyente de los dos en nuestra vida cotidiana”.



Y ante los productos hiperprocesados e hiperpalatables, también llamados alimentos de diseño, surgió hace años el “whole food” y ahora vivimos en los tiempos del “real food”, quizás también porque la corriente Paleo, que viene pisando fuerte, ha adoptado este concepto como propio. En el post de hoy también hablaré sobre paleo.

No dudo de la importancia que ha tenido la sobreabundancia, la hipervariedad, la hiperdisponibilidad de estos nuevos productos alimentarios procesados en la pandemia de obesidad y epidemia de diabetes que se está dando a nivel mundial. Y creo que aunque es cierto que la obesidad envuelve una multitud de factores, volver a la comida de siempre, esa comida que no estimula el sistema de recompensa como lo hacen los productos procesados, que no es hiperpalatable y que es mucho más simple, podría ser el camino para revertir en cierta manera los problemas asociados a la sobreingesta energética, que no son pocos y ponen en riesgo el futuro de nuestra sociedad.



Pero el “real food” y/o la corriente paleo tiene sus peligros. ¿Cuáles son estos?
Una de las cosas que nos hace comer más es la variedad. En general a más variedad de sabores y de productos, más comemos. Pongamos un ejemplo que me ha sucedido hoy mismo. Muchas veces cuando como arroz a banda (la mayoría) ni siquiera puedo acabarme mi ración, y dejo lo que me sobra para cenar. Pero hoy he decidido añadir a mi ración un huevo batido (de gallinas de corral sin número alguno identificativo) y queso de oveja de leche cruda. Se deja gratinar unos minutos y listo. Y qué curioso, que aun añadiendo unas 250 kcal extra al plato, me lo he acabado sin ningún problema, como no hacía en la mayoría de las veces. Y estaba bastante, bastante bueno, tanto que seguramente si hubiera habido más plato, hubiera seguido comiendo.



Y sí, la comida real también puede llegar a ser muy palatable, y se puede abusar de ella, igual que se hace de los alimentos procesados. Me molan los frutos secos, me molan las frutas, me molan las grasas saludables, me mola el cacao y me mola la miel cruda. Pero si cojo harina de almendra, le pongo azúcar de coco, chocolate 99%, aceite de coco virgen extra y miel cruda y me hago un super pastel y le añado canela y vainilla de la buena, todo natural 100%, todo producto ecológico y super casero me podré zampar perfectamente 1.000 calorías de una sentada, sino más.


El problema no es la miel (paleo y real food), el problema no son los frutos secos (paleo y real food), ni el coco (super paleo y real food)…el problema es la palatabilidad que nos ayuda a recompensarnos y a abusar caloricamente del alimento.

Y sí, el éxito de la dieta Paleo en la reducción de peso, con la llegada de los paleomuffins, paleopasteles, paleopanes, paleocakes, paleobarritas y paleohistoriasdecocinacasera puede tener sus días contados, igual como los tuvo la dieta Atkins en su reaparición en los 90. La industria ya estaba preparada para vender alimentos bajos en hidratos, y así lo hizo, y por eso fracasó la vuelta de Atkins, y si funciona la dieta paleo igual como todas las dietas es por dos cosas, o bien porque vuelves a una comida más simple, menos palatable que la comida industrial, lo que te hace consumir muchas menos calorías y con una mayor densidad nutricional, o bien porque te adentras en el estilo de vida “Paleo” que incluye mucha actividad física, y consigues igualmente un déficit calórico.



Lo cierto es que nos guste más o nos guste menos, tenemos que crear dicho déficit calórico si queremos perder peso, y eso lo podremos conseguir bien sólo con restricción calórica, o bien con déficit calórico aumentando el gasto energético total diario ayudándonos con el AET (o el gasto energético que produce nuestro entrenamiento) y/o el NEAT (o gasto calórico procedente del resto de actividades físicas diarias). Y es así de simple, nuestra dieta, sea vegana, vegetariana, macrobiótica, zen, cetogénica, baja en hidratos funcionará si consigue eso, y será incluso más determinante la reducción calórica en la salud de las personas, que los alimentos que compongan dicha dieta (que también serán determinantes para la salud, pero posiblemente en menor grado).




 El resto es lo más difícil, el mantenimiento y evitar volver a recuperar la grasa perdida. En eso, un cambio de hábitos, un cambio de estilo de vida, y una alimentación basada en comida “simple”, no demasiada, y compuesta principalmente por vegetales puede sernos de gran ayuda, aunque en un mundo lleno de tentaciones alimentarias, será difícil controlar a ese cerebro intuitivo, inconsciente y de procesado rápido que domina a la mayor parte de los humanos. 

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